Hay momentos en los que la teoría y el saber empírico se hunden en el subsuelo para dar vida a experiencias prácticas de valor incalculable, eso han sido las jornadas IEDU organizadas en el CRIF “Las Acacias”.

Hemos pasado de un “yo” a un “nosotros” en un tiempo tan breve que será eterno para toda nuestra vida profesional.

Las palabras de Antonio Rodríguez de las Heras, en la apertura, ya eran un preludio de lo que iba a suceder “para innovar necesitamos encontrarnos, ir de corrillo en corrillo”.

Y así fue, un encuentro a dos niveles: presencial, compartiendo talleres, ponencias y experiencias; vital, al movernos en un tiempo y lugar que reclama de nosotros una profesionalidad excelsa, un trabajo de orfebrería para la nueva realidad que nos rodea.

Ya no hablamos de docentes, hablamos de centros, de instituciones, de escuelas que hacen temblar los diques de contención de un modelo anacrónico, desacompasado.

José Antonio Expósito, director del IES Las Musas, nos hablaba de la educación transparente como pilar para la transformación. En ese camino se cruzará sin duda con Roser Batlle y con todos aquellos centros que están encontrando en el Aprendizaje y Servicio su modo de vida, porque… ¿acaso hay educación más transparente que la que lleva a los alumnos/as a desarrollar aprendizajes en y para la sociedad?

El metrónomo de la educación madrileña muestra un pulso vivo, centros como el CEIPSO El Encinar lo demuestran: se crean comisiones donde antes había abismos “Comisión de Matemáticas”, se buscan sinergias donde antes había soledad “Proyectos de Formación en Centros” y se comparten experiencias con choques de manos, bromas y chascarrillos, propios de quien se sabe parte de un equipo especial.

Ya no se habla de “inclusión” como un destino soñado al que viajar. Directamente se muestran parajes en los que se disfruta de ella y surge una reflexión colectiva ¿no debería ser esto la normal? Ya no hay debate, trabajamos para ello, para hacer realidad lo que García Hoz deseó en 1963, ofrecer una “educación personalizada”.

En este punto Antonio Fontán nos apuntaba que no queremos centros inclusivos, ya que todos los centros educativos lo deben ser, lo que no queremos es centros excluyentes, no nos lo podemos permitir.

Fuimos muchos los que nos sentimos como Gregorio Samsa, protagonista principal de la metamorfosis de Kafka, cuando tras salir de un taller o una ponencia ya estábamos pensando en el lunes a primera hora y en esa frase que casi se convirtió en himno “Yo esto lo hago en mi aula”.

Y para ello necesitamos “asociaciones estratégicas” como reza una de las modalidades de participación de Erasmus+. Asociaciones, que como pudimos ver con los alumnos del CEIP Carlos Ruiz, comienzan con tu compañero de hombro, con tu compañero de claustro, para desde lo local hacer un viaje de ida y vuelta a lo global, un viaje que llena la mochila de aprendizajes y experiencias.

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